24.1.13

Todo lleva al mismo resultado...



A veces toca hacerse un examen de conciencia, y te das cuenta que, ni por asomo, consigues llegar al aprobado.
Piensas en lo que has hecho, lo que has conseguido, el tiempo que has dedicado, el tiempo perdido, las excusas, las ganas, si ha merecido la pena.

Ya sea por vaguería,  o porque has pensado que era más fácil de lo que creías, o porque te has sobrevalorado de manera brutal, sea por lo que sea, todo lleva al mismo resultado.


 Pura decepción.

Esta decepción lo abarca todo, como una sombra silenciosa que poco a poco aumenta su tamaño abrazando, y no con cariño precisamente, todo lo que está en ti y  a tu alrededor.

Empieza desde tu corazón, lo agarra, lo aprieta, lo ahoga. Luego sube, sigilosamente, por la garganta y rapta tu voz. En apenas un paso más, llega al cerebro, donde tapa cada buen sentimiento, cada buena sensación, cada rayito de luz, los arrincona, los somete hasta que los doblega a su voluntad.
Una vez controladas las zonas más importantes de nuestro cuerpo, se dedica a campar por sus anchas por el resto de TU mundo, oscureciendo las cosas más brillantes de él y vertiendo en nuestros ojos una oscura neblina para que sigamos tropezando, deseando con todo TU corazón que caigas y te hagas daño.

17.1.13

Aquel día, en aquella calle...


 Aquel día, en aquella calle, viendo a Julia de la mano de otro...

    " Algunos golpes de la vida te dejan fuera de combate, como un derechazo directo a  la mandíbula. Son golpes inesperados que te hacen madurar de repente. Desencantos, pérdidas, traiciones...     La ingenuidad se acaba cuando te encuentras cara a cara con cosas que te despiertan, ya, para siempre.
Y así era el mundo en el que acaba de ingresar, el de los adultos.
Un mundo en el que la inocencia de la infancia deja paso a la soberbia, los problemas, los mal entendidos y la defensa de los intereses de cada uno; aunque para ello, a veces, tengamos que pagar el peaje de la soledad o el de la mentira, en la que algunos viven permanentemente instalados, engañándose a si mismos, y lo que es peor, a las personas que verdad les quieren.
 Una mentira que quizá por sucia y traicionera es el peor de nuestros defectos, sobre todo cuando esa mentira mata al amor. Porque el amor, al final, es lo único que tenemos y si también el amor es mentira ¿Qué nos queda? "

  
Aquel día, en aquella calle, viendo a Julia de la mano de otro, maduré y aprendí hasta el punto que en otro tiempo y en otra calle, yo hice lo mismo.

Porque así es la vida y así lo aprendemos todos alguna vez.