Aquel día, en aquella calle, viendo a Julia de la mano de
otro...
" Algunos golpes de la vida te dejan fuera de combate, como un derechazo directo a la mandíbula. Son golpes inesperados que te hacen madurar de repente. Desencantos, pérdidas, traiciones... La ingenuidad se acaba cuando te encuentras cara a cara con cosas que te despiertan, ya, para siempre.
Y así era el mundo en el que acaba de ingresar, el de los adultos.
Un mundo en el que la inocencia de la infancia deja paso a la soberbia, los problemas, los mal entendidos y la defensa de los intereses de cada uno; aunque para ello, a veces, tengamos que pagar el peaje de la soledad o el de la mentira, en la que algunos viven permanentemente instalados, engañándose a si mismos, y lo que es peor, a las personas que verdad les quieren.
Una mentira que quizá por sucia y traicionera es el peor de nuestros defectos, sobre todo cuando esa mentira mata al amor. Porque el amor, al final, es lo único que tenemos y si también el amor es mentira ¿Qué nos queda? "
Aquel día, en aquella calle, viendo a Julia de la mano de
otro, maduré y aprendí hasta el punto que en otro tiempo y en otra calle, yo
hice lo mismo.
Porque así es la vida y así lo aprendemos todos alguna vez.
Porque así es la vida y así lo aprendemos todos alguna vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario